jueves, 10 de abril de 2014

Desayuno bajo el sol

En la tierra del sol amada, Maracaibo, se desayunan mandocas con queso rallado en feliz compañía del “café de leche”, como llaman los marabinos al café con leche. “La mandoca según lo que hemos venido investigando, es un amasijo hecho con maíz, panela, especias, en este caso clavo, canela y malagueta, plátano maduro concha negra y queso. Yo uso el madurado. Tenemos datos que hablan de que era un plato servido al personal esclavo y que se hacía con lo que iban guardando de la comida de la casa grande, generalmente se enviaban a las cimarroneras donde siempre había esclavos rebeldes que alimentar. Son una fuente de energía magnífica y considero que deben seguir sirviéndose en los desayunos de las nuevas generaciones.  Son un lujo Zuliano acompañadas por un trozo de queso palmita o de mano, como dice la norma no escrita que deben comerse” cuenta la chef zuliana Ivette Franchi.
También en la capital zuliana, se agolpan las multitudes en locales como Locolindo, en la Av. 13 con calle 89,  a degustar en el sitio o a comprar para llevar los populares pastelitos, bien sea rellenos de carne molida, mechada o el más sorprendente de papas sancochadas con queso. El acompañante será una malta o un “fresco” refiriéndose a una bebida gasificada, “burbujas pues” concluye Franchi.
 Parte de mi texto publicado en la Revista Bienmesabe del mes de febrero de 2014

martes, 8 de abril de 2014

Helada Historia

En la Urbanización del mismo nombre surge la Heladería Crema Paraíso, frente a la iglesia La Coromoto, conocida como “la guacamaya” por la intensidad y variedad de colores que la decoran y eclesiásticamente llamada Alfonso María de Ligorio.
Nacida a mediados del siglo pasado, esta heladería era la más moderna de la ciudad y ofrecía, entre otras novedades, el maravilloso Banana Split, combinación servida en un barquito que une la fruta que le da nombre con helado de chocolate, fresa y mantecado, todo coronado con fresca crema batida, sirope de chocolate y, por supuesto, una cereza al marrasquino. Sin duda, fueron muchas las parejas que se “empataron” endulzados por el cremoso platillo que dio fama a la heladería.
Adalberto Katz, fundador de la empresa,  abrió en 1956 la segunda tienda ubicada en Santa Mónica. El tercer local se inauguró en Bello Monte, seguido de otra sucursal en San Bernardino que fue la última tienda de esta etapa de la década de los 50.
En la década de los ochenta llegaron a existir 22 sedes, y aún en Caracas permanecen cuatro de las tiendas originales: Santa Mónica, Bello Monte, San Bernardino y la primigenia en Las Fuentes. Hoy en día, a pesar de que cada establecimiento tiene un propietario distinto, los productos que expenden responden a un mismo control de calidad, después de todo, se trata de seguir el sabor de la tradición de un negocio que se hizo famoso por sus helados, producidos en su planta de Guarenas, manejada por la hija del fundador: Anita Katz. 
Parte de mi texto publicado en la Revista Bienmesabe del mes de junio de 2013

jueves, 3 de abril de 2014

Duraznos en parapente

Los 11 miembros de la familia de Andreas Breindembach que formaban parte de la segunda emigración de alemanes llegarían, en 1851,  a La Colonia Tovar, en este grupo de 90 hombres y mujeres nos interesan, especialmente, dos de los hijos del patriarca Breindembach: Emil y Gregor , “venezolanizados” como Emilio y Gregorio.
Transcurridos casi 40 años, este par de hermanos deciden abandonar el pueblo que los vio crecer, sangre de migrantes tenían sin duda, y radicarse a unos pocos kilómetros, en el actual estado Miranda.
Ahora llamamos a la zona Altos Mirandinos, y al poblado que se conformó en torno al asentamiento de los Breindembach:  El Jarillo, nombre que se deriva de una planta existente en la zona que curiosamente tiene un parecido con el árbol del durazno.
Se dedicarán, aprovechando la fertilidad del suelo y el clima fresco, a las labores agrícolas, las primeras plantaciones fueron para el cultivo propio y de aquellos que se aventuraban a transitar por la región.
Aplicando el mismo método que sus vecinos “colonieros”, para el tratamiento de este árbol frutal, que requiere de las cuatro estaciones que nuestro trópico no tiene, lograron el rápido crecimiento del cultivo del durazno que es responsable del progreso económico de la mayoría de los pobladores de la región.
Si bien el turismo de aventura, como los vuelos en parapente, se ha desarrollado en la zona, este poblado tiene en la agricultura su principal actividad de sustento: duraznos, fresas, moras, frambuesas, melocotones, zanahorias y manzanas son sólo algunos de los frutos y vegetales que se siembran en el fértil suelo de la localidad, y que en su mayoría son trasladado a los mercados populares de Caracas para su venta. Sin ir muy lejos en el Mercado Municipal de Chacao encontramos muchos de los productos, incluidas frutas de las llamadas “exóticas” que hacen las delicias de expertos y curiosos.
Parte de mi texto publicado en la Revista Bienmesabe del mes de febrero de 2013

martes, 1 de abril de 2014

Rebeldes sin causa, pero con hambre

Muy pronto, la fuente de soda brindaría, a una juventud ansiosa de hacer realidad el estilo de vida que llegaba a las pantallas de los cines, un lugar  para sentirse un poco James Dean o Natalie Wood. Este grupo etario, que por primera vez contaba con la libertad para vestirse y comportarse de un modo diferente a como lo habían hecho las generaciones precedentes, colmó los espacios con sus jeans “tubito”, franelas ceñidas, mocasines y medias blancas.
El menú de hamburguesas, acompañadas con papas fritas y una bebida, corre como pólvora y es moda en la ciudad, que despierta a la democracia tras la caída del gobierno de Marcos Pérez Jiménez, consiguiendo  un espacio de excepción en la Urbanización Las Fuentes.
Nacida como una prolongación de la encopetada zona residencial El Paraíso, es el lugar donde Hamburguesas Taxco ofreció, primero a los habitantes de la zona, luego a los que venían en peregrinación de otras urbanizaciones de Caracas, su platillo más característico.
Coincidió su periodo de más esplendor con la época de las “patotas”, grupos de jóvenes de clase media alta que se enfrentaban entre sí por defender una zona marcada como “su” territorio.
“Eran famosas las patotas de Vista Alegre y la de Las Fuentes, llamada la patota de Taxco pues en ese lugar acostumbraban a reunirse” recuerda Oscar Vaamonde, quien de joven vivió muy de cerca las aventuras y desventuras de los sesentas y hoy cuenta canas y tres nietos, “se juntaban en la esquina del negocio, con sus motos y su aspecto de rebeldes sin causa, justificando con su  presencia el lema de las patotas: hasta la esquina llegas y no te metas” continúa. Tan de moda estaba el local que era vox populi entre la juventud caraqueña de la época que “quien no ha comido una hamburguesa en Taxco, no ha comido una hamburguesa” concluye.
Desde aquellos tiempos rebeldes hasta la fecha, la receta de las hamburguesas se ha mantenido incólume, pequeñas y jugosas, bañadas con una salsa que parece mostaza sin serlo, secreto de los fogones del local, acompañada con papas fritas rociadas con un toque de limón, visitar hoy Café Taxco es una aventura digna de la máquina del tiempo de H.G. Wells.
Parte de mi texto publicado en la Revista Bienmesabe del mes de junio de 2013

jueves, 27 de marzo de 2014


 “… a las dos estábamos en la escuela hasta las cuatro y nos daban para comprar un dulcito, una meriendita, fuera torta burrera, melcocha, cualquier cosa de esas” recuerda el autor de los célebres libros de cocina “a la manera de Caracas” en las  Conversaciones con Armando Scanonne de Jacqueline Goldberg y Vanessa Rolfini.
Originalmente una “moderada” ración de comida ingerida a media tarde, principalmente constituida de dulces y bebidas, representaba la oportunidad, de reunir pequeños grupos de familiares y amigos para compartir y matar el tiempo, en una ciudad sin radio, televisión y con poca afición a la lectura de pasquines y gacetas, era, además,  el momento para ponerse al día, comentar los escándalos de rigor, hablar de la crisis, porque parece que nuestro país siempre tiene una crisis de algo, y lucirse con  las recetas de las maravillas dulces que se habían servido en el suculento yantar.  Acompañados de una tisana, una taza de chocolate caliente o una copita de oporto, los convidados se entregaban libremente al doble placer de comer y murmurar de sus vecinos.
Muchas  veces, estos platillos eran comprados, pero invariablemente uno o dos se elaboraban en los fogones de la casa y la receta se guardaba celosamente, era un “secreto de familia”, que pasaba de generación en generación, preparaciones llenas de trucos que solo las cocineras más experimentadas conocían, y plagadas de expresiones como: cucharadas copetonas, una locha de papelón o cuando tenga punto, que dificultaban, por no decir que hacían imposible la reproducción de estas preparaciones.
La hora de la merienda era el paraíso para los niños, que encerrados todo el día en casa o la escuela, veían llegar de mano de los dulceros que portaban, cual ofrendas de azúcar, azafates repletos de “jaleitas”, coquitos, suspiros, alfondoques, besitos de coco, turrones, catalinas o trozos de tortas.
Era justo el comienzo de la tarde, el momento para esperar los pregones que anunciaban, en rutas y horarios regulares, la llegada de la merienda, en las horas de recreo la muchachada se arremolinaba en torno a los portadores de bandejas cubiertas por impecables paños blancos o grandes cajas cubiertas por tapa de vidrio.
Así pues las granjerías salieron a la calle, y las tortas y postres de tronío quedaban tras los patios de los que dedicaban parte o la totalidad de su tiempo a recibir encargos, poniendo a disposición de los que podían pagarlo sus habilidades culinarias.
 Parte de mi texto publicado en la Revista Bienmesabe del mes de mayo de 2013